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A 145 años del natalicio de Antonio Machado

Se cumplen 145 años del natalicio de Antonio Machado, este 26 de julio del 2020. El insigne poeta sevillano, digno representante del modernismo español, vio luz en 1875. Sus letras se caracterizaron por poseer una fuerza enorme, cargadas de hondos valores humanistas y con una densa dosis de coloquialismos. Fue esta última cualidad —sin ínfulas de cultismo— la que hizo de la poesía de “El caminante” una de las más representativas del sentimiento popular hispano.

Las vivencias de su niñez son parte importante de los nostálgicos paisajes que coronan su poesía. Él mismo diría en su poema “Retrato” (Campos de Castilla): “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla / y un huerto claro donde madura el limonero…”. Hoy, cuando estamos a 145 años del natalicio de Antonio Machado, se hará una remembranza necesaria de su vida y sus poemas más representativos.

Antonio Machado, desde el principio, un poeta ligado al pueblo y a la familia

Hablar de su biografía, puede resultar redundante. Y es que a lo largo y ancho de la web se hallan miles de escritos que cuentan sobre sus ocho hermanos, y de que él fue el segundo. También de cómo Manuel —su hermano mayor e igualmente reconocido hombre de letras— fue gran compañero de aventuras infantiles y posteriores farras bohemias juveniles. La figura de su madre, Ana Ruíz, y su amor incondicional no se dejan de lado.

No se escapa tampoco de este paisaje la ruda situación económica y la frustración de contar con los importantes y necesarios saberes, pero no tenerlos monetizados como se quería. De ello habló Juan Ramón Jiménez de manera muy cruda. Sin embargo, y pese a que todos saben lo que ya se sabe, tocar estos aspectos de la vida del poeta abre una ventana pequeña por donde se puede vislumbrar el porqué de lo trascendental de su obra.

Sí, desde la raíz profunda que es el hogar le vino a Machado su apego al pueblo. Destaca su amor a los paisajes identitarios sevillanos —y madrileños, y parisinos, y segovianos y baezanos más adelante— y a los cuadros costumbristas vivientes que eran sus gentes. De su padre, Antonio Machado Álvarez, tomó para muy adentro de sí el dominio de las letras y el amor por la cultura. Nuevas canciones —a posteriori y en una etapa de reconstrucción así lo evidenciaría. Esto no es raro, el jefe de hogar, además de abogado, fue un prominente periodista y folklorista. De hecho, tal fue su renombre, que su obra tuvo impacto mundial. Basta con buscar “Demófilo” y se hallará parte del vasto legado.

“El viaje del héroe” a Madrid y el impacto en la obra de Antonio Machado

Con tan solo 8 años de edad, y debido a una propuesta laboral de su abuelo Antonio (Machado Núñez) en la Universidad Central de Madrid, la familia Machado decidió migrar. Cuán acertada decisión. Se menciona “el viaje del héroe” en alusión al estudio del monomito de Joseph Campbell, y de cómo hay éxodos definitivos en la maduración de las personalidades. Esto no fue distinto en el poeta sevillano.

La puerta al conocimiento y la cercanía con el mar

En este caso, el viaje a la capital española no solo significó una puerta sin mesura al conocimiento y al aprendizaje para Machado, sino que marcó rotundamente su poesía tras el encuentro con el mar. Esto se ver reflejado enormemente en muchos de sus versos y prosas.

La poesía machadiana, poesía de agua

En torno a su relación con las aguas saladas, el propio poeta escribió al respecto luego: “… sensaciones de mi infancia, cuando yo vivía en esos puertos atlánticos”. Esto fue en una carta dirigida a su estimado amigo Juan Ramón Jiménez.

Pronunció Machado, además, “¡Castilla, España de los largos ríos / que el mar no ha visto y corre hacia los mares!” («Elogios», CXLIII, p. 596) (1913).

Destaca también “¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra, / más allá de la suerte, / más allá de la tierra, / más allá del mar y de la muerte?” («El Dios Ibero», CI, pp. 382-386) (1917).          

Así como el mar, es común hallar en la obra de Machado las fuentes y los ríos. El agua se le impregnó en la pluma desde el primer encuentro y no le dejó jamás.

Formación en Madrid de Antonio Machado

La Institución Libre de Enseñanza y otras casas de estudios

Fue en la Institución Libre de Enseñanza donde Machado recibió parte fundamental de su formación. Allí, vio clases, nada más y nada menos que con Manuel Bartolomé Cossío —quien sería de grande impacto en su andar literario y de vida—, José Manuel Pedregal y Aniceto Sela, solo por nombrar algunos intelectuales.

Los espacios del lugar de estudios eran sumamente conservadores y agradables. Llegaban incluso a rememorar la sensación de familiaridad que Antonio y Ana dieron al poeta y a sus hermanos en su hogar. De allí que el proceso de formación en este sitio fuera tan significativo para Machado. El sevillano se sentía, literalmente, en casa.

De allí, pasó brevemente instituto San Isidro y luego al Instituto Cardenal Cisneros. Sin embargo, por causas de fuerza mayor, sus estudios se vieron inmovilizados un tiempo.

La muerte de los patriarcas y el estancamiento

Para inicios de 1893, Machado Álvarez, de escasos 47 años, falleció de tuberculosis. Esto tras haber intentado probar su suerte laboral en el Nuevo Continente. Fue un golpe duro para la familia. Para ese entonces, el poeta aún no había conseguido ni siquiera su bachillerato ni un trabajo estable. La principal entrada de dinero se centró entonces en su abuelo, pero, lamentablemente, Antonio Machado Núñez, el patriarca, también los dejó. Falleció en 1896.

Lo que vino luego de estas pérdidas fueron una serie de desavenencias e infortunios. Los enceres del hogar se vendían para el mantenimiento de la familia, así pasó con los libros, con la esperanza.

La vida de farra de los Machado

Pese al sombrío panorama, Manuel y Antonio —ya conocidos como “Los Machado”— se adentraron en el mundo bohemio que ofrecía la capital española. A finales del siglo XIX, figuras como Antonio de Zallas y Valle-Inclán engalanaban poéticamente las noches de tertulias. Lo que no se pudo lograr en la academia, se absorbió entre madrugadas en las casas de renombre y en los sitios de encuentro madrileños. 

De a poco, los Machado se hicieron de un lugar entre los intelectuales de la región. Su carácter se fue forjando, así como sus letras. Allí fue también notoria la pasión de Antonio por el teatro. Hubo, de hecho, varios acercamientos. No obstante, fue Manuel quien se desempeñó de lleno en ese rubro literario.

París y Antonio Machado

Con lo aprendido en las calles capitalinas, y lo tanto que se tomó y asimiló del buen hogar y la buena escuela —que no es en nada poco—, los Machado se aventuraron a París, Francia (1898). Allí colindaron con figuras inmortales, como Oscar Wilde, Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez. Cuánta experiencia junta, cuánto conocimiento compartido.

Ambos hermanos ocuparon sitios de trabajo en la Editorial Garnier. Desde allí lograron nexos literarios y sociales enormes que posteriormente les ayudarían en sus postulaciones y reconocimientos.

Retorno a Madrid, sus libros, artículos y la consolidación de su formación

En 1902, Machado vuelve a tierras madrileñas. Esta vez lleva consigo el producto de sus vivencias, su primer hijo literario: Soledades. Le correspondió a la imprenta A. Álvarez su publicación.

Los próximos cinco años Machado los consagró a la colaboración con varias revistas y a la consolidación de sus estudios. Ya, en 1907, obtuvo su titulación como profesor de francés. La certificación la recibió en Institutos de Segunda Enseñanza, adonde decidió entrar gracias a la recomendación de su gran amigo, el filósofo Francisco Giner. Ese mismo año sale a la luz pública Soledades. Galerías. Otros poemas. Se trató de la prolongación de su obra Soledades.

Antonio Machado, el profesor de Soria, el hombre, el amor, y el dolor

Con buen ánimo, y experiencia de sobra, Machado decidió establecerse en Soria. Allí ejerce formalmente su carrera de profesor. Esta etapa fue crucial en la consolidación de la identidad poética machadiana. Su obra Campos de Castilla es una muestra inequívoca de esto. Y, pues, claro, hablamos del pueblo que dio al poeta el tan esperado amor.

Fue en tierras sorianas que Machado conoció a Leonor Izquierdo, a quien el poeta le llevaba 19 años. No obstante, el amor fue correspondido y todo el cortejo se hizo de manera formal y legal bajo la mirada atenta de familiares y pobladores. Ella representó el amor definitivo de Antonio, y así se vio plasmado en su poesía, y en las endechas posteriores a la trágica despedida.

Se casaron apenas dos años después de conocerse. Ella de 15, él de 34. El sistema legal de ese entonces lo avalaba. En 1910 viajaron a París gracias a una beca otorgada al poeta, con el fin de que potenciara sus conocimientos en la lengua francófona.

Todo era un sueño. Lamentablemente, apenas un año después de haberse casado, se presentaron los signos de la desgracia. Leonor, justo antes de un viaje de vacaciones, comenzó a escupir sangre. Era julio de 1911. La joven aguantó poco más de un año, y falleció en agosto del año siguiente. Este fatídico evento significó el quiebre del hombre y del poeta.

7 años en Baeza, las Nuevas canciones, el nuevo hombre

Desolado y destruido, Machado se radica en Baeza. Aunque, es necesario mencionar que su destino original era Madrid, pero no hubo forma de conseguir viajar a la capital española. Sin embargo, todo pasa por algo. La Universidad baezana le tuvo por docente durante 7 años. Allí dio clases de su especialidad: gramática francesa.

Machado y su reencuentro con el folklor

En esa localidad, Machado vive una introspección profunda. Se ve ligado enormemente al quehacer cultural de la tierra que le recibió, aflorando así la pasión que le legó su padre por el estudio de las tradiciones. De esa etapa surgen sus Nuevas canciones.

La nueva titulación del poeta y una amistad inmortal

Si se profundiza en el nombre de esta nueva obra de Machado y su contenido, puede apreciarse también un renacer, un reinventarse. De hecho, estando en Baeza el poeta analiza el tiempo perdido en su formación profesional, y apuesta por otra titulación. En 1915, Machado se dispone a estudiar filosofía y letras. Con el bagaje acumulado en sus años en Madrid y Paris, y el conocimiento adquirido de sus tantas amistades intelectuales, no le fue difícil hacerse con la carrera en tan solo 3 años.

En ese proceso de forjarse un mejor camino profesional, el destino dispone que Machado cruce caminos con Federico García Lorca. El resultado fue una amistad estrecha y fructífera. Esta se vio sellada con la obra Federico García Lorca: El crimen fue en Granada. Elegía escrita por el sevillano en honda oscuridad y dolor luego de la trágica desaparición del poeta granadino.

El necesario cambio de horizontes

Con el nuevo título en mano, un nuevo libro concebido y el dolor calmado —mas no curado—, el poeta solicita cambio al Instituto de Segovia. Esto le es concedido casi de inmediato. Machado vio en esta oportunidad, un escape. Agradeció, sí, la experiencia, los espacios y las “soledades” necesarias, pero ya había llegado a un punto donde se sentía encerrado.

SEGOVIA

Segovia, la puerta de Machado a Madrid

A finales de 1919, Machado llegó a tierras segovianas con una enorme necesidad de revivir el hombre que una vez había sido. Tal y como persiguió a su familia en sus años de infancia y juventud, la escasez le tocó a la puerta allí. Alquilaba un humilde espacio en una posada. No obstante, pese a no tener las libertades ni la holgura que tuvo en Baeza, allí, en ese nuevo espacio diminuto, se sentía libre.

No fue para menos: Segovia estaba muy cerca de Madrid. El poeta aprovechaba cada fin de semana que podía, y se iba a la capital. Allí se fue reactivando en las acostumbradas farras de juventud, en los sitios habituales, con los rostros conocidos. Esto representó para Machado una ruptura del alargado duelo de más de ocho años.

Segovia y Giomar

Muy conocida es la historia de Machado y su musa secreta, Giomar. Y sí, esta se dio en Segovia y vincula al poeta con Pilar de Valderrama, una poetisa casada y con hijos. Según se relata, ella sirvió de soplo de inspiración al sevillano, al punto de lograr que en él se despertara ese joven de antaño. Los poemas que resultaron de esta unión platónica así lo demuestran. El adjetivo “platónico” se adjudica porque nunca hubo algo más allá de lo verbal y literario.

No obstante, luego de tanto buen poema se dio una confesión poco grata por parte de Valderrama: ella conocía el potencial de Machado, y lo engañó para que escribiera para ella. Sí, Pilar usó a Machado. Concha Espina, años después (1950), escribe al respecto. El polémico libro al respecto es De Antonio Machado a su grande y secreto amor.

SEGOVIA

La silla que nadie pidió: Machado, miembro de la Real Academia Española

Entre viajes, clases, poemas, amores secretos, reuniones y demás eventos necesarios que hacen de la vida, vida, Machado pasó los siguientes 8 años plenamente. Su fama se extendió, y todos reconocieron su enorme potencial literario, filosófico y poético. De manera sorpresiva, el poeta recibió una noticia importantísima en 1927: fue elegido para formar parte de la Real Academia Española. Antonio quedó anonadado con la noticia. No obstante, es necesario acotar que nunca ocupó dicho puesto.

Al respecto, el mismo Machado le escribió a Unamuno: “Es un honor al cual no aspiré nunca; casi me atreveré a decir que aspiré a no tenerlo nunca. Pero Dios da pañuelo a quien no tiene narices”.

Cierre con broche de oro en Segovia

Si bien el objetivo de Machado siempre fue volver a Madrid desde la pérdida de su amada Leonor, su estadía en Segovia fue muy productiva. Son decenas los reconocimientos que recibió por su labor como docente y poeta. No obstante, como guinda en la torta, el 14 de abril de 1931 Machado recibió una honra enorme.

Ese día se conmemoró la proclamación de la Segunda República Española, y al sevillano se le confirió el honor de ser quien izara la bandera en el acto principal. El Ayuntamiento lo recibió como quien recibe a un héroe. Este evento fue, por mucho, el más representativo de la estadía de Machado en tierras segovianas.

El mismo poeta dijo al respecto: “¡Aquellas horas, Dios mío, tejidas todas ellas con el más puro lino de la esperanza, cuando unos pocos viejos republicanos izamos la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Segovia!”.

Sueño cumplido, cátedra de francés en Madrid

Luego del cierre de su etapa en Segovia, a Machado se le cumplió en sueño de volver con trabajo a Madrid. Se le asignó una cátedra de francés (1932). Fue así como el poeta pudo entonces volver con su familia y reintegrarse de lleno a la vida madrileña.

En esta etapa de su vida, Machado tuvo matices extremos. Por un lado, afloró con intensidad su vocación filosófica —esto se ve reflejado en su excelsa y vasta producción en prosa—, y, por el otro, seguía viéndose a escondidas con Giomar. La carne, pues, con su necesidad de rejuvenecer se encontraba con el espíritu del poeta y su búsqueda de trascender.

MADRID

Días de muertes

Así como seguían llegando las buenas nuevas para Machado en esta soñada y alargada etapa en Madrid, comenzaron a avizorarse momentos oscuros, lamentables pérdidas. En los días en que recibía la buena nueva de integrarse al Instituto Calderón de la Barca en Cervantes, llegó a él una noticia fatídica. Manuel Bartolomé Cossío —su mentor en la Institución de Libre Enseñanza— falleció.

Como si la desdicha no fuera poca, a esta desaparición se sumó la de Valle-Inclán. Ambas muertes acontecieron con apenas cinco meses de diferencia. Todo pareció, luego de lo que acontecería después, el vaticinio a una época oscura. Y así fue.

Guerra civil, exilio y muerte

Tras año y medio de muertes de seres queridos durante el sueño alcanzado de estar en Madrid, a Machado y a la población española en general les sobrevino la temida Guerra Civil. Si no hubiese sido por las medidas tomadas por la Alianza de Intelectuales, el poeta sevillano no sobrevive a la tragedia. Dicha organización procuró salvaguardar la vida de los más destacados poetas y escritores a costa de todo, y lo lograron en gran medida.

Si bien Machado se resistió en un principio, debió aceptar luego el retirarse. Estaba ya entrado en años, sus condiciones no eran las mejores para tales eventos. El recorrido hacia su exilio contempló una breve estadía en Roquefort, luego Barcelona, Viladasens y finalmente Colliure (Francia).

Estando en suelo francés, específicamente en el Hotel Bougnol-Quintana, el grupo de refugiados con el que se encontraba Machado esperó una última ayuda para lograr su asentamiento final. Llegaron allí un 28 de enero de 1939. El socorro anhelado no se presentó en el momento justo, y Antonio falleció 24 días después.

Se celebraba el Miércoles de Cenizas, qué día de color tan funesto para irse alguien tan grande. El 22 de febrero de ese año, pues, dejó de escribir la pluma de Antonio Machado.

Poemas de Antonio Machado

Nada mejor para celebrar que se cumplen 145 años del natalicio de Antonio Machado, que una lista de sus mejores poemas:

1.-A un olmo seco

2.-El mar triste

3.-El viajero

4.-Proverbios y cantares

5.-Retrato

 

SEPULTURA DE ANTONIO MACHADO

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