Frases más poemas

“El gordo y el flaco” de Antón Chéjov

5
(1)

EL GORDO Y EL FLACO DE ANTÓN CHÉJOV

CUENTO

Rusia

EL GORDO Y EL FLACO

Antón Chéjov

1860-1904

En una estación de ferrocarril de la línea Nikoláiev se encontraron dos amigos: uno, gordo; el otro, flaco.

El gordo, que acababa de comer en la estación, tenía los labios untados de mantequilla y le lucían como guindas maduras. Olía a Jere y a Fleure d’orange. El flaco acababa de bajar del tren e iba cargado de maletas, bultos y cajitas de cartón. Olía a jamón y a posos de café. Tras él asomaba una mujer delgaducha, de mentón alargado -su esposa-, y un colegial espigado que guiñaba un ojo -su hijo.

-¡Porfiri! -exclamó el gordo, al ver al flaco-. ¿Eres tú? ¡Mi querido amigo! ¡Cuánto tiempo sin verte!

-¡Madre mía! -soltó el flaco, asombrado-. ¡Misha! ¡Mi amigo de la infancia! ¿De dónde sales?

Los amigos se besaron tres veces y se quedaron mirándose el uno al otro con los ojos llenos de lágrimas. Los dos estaban agradablemente asombrados.

-¡Amigo mío! -comenzó a decir el flaco después de haberse besado-. ¡Esto no me lo esperaba! ¡Vaya sorpresa! ¡A ver, deja que te mire bien! ¡Siempre tan buen mozo! ¡Siempre tan perfumado y elegante! ¡Ah, Señor! ¿Y qué ha sido de ti? ¿Eres rico? ¿Casado? Yo ya estoy casado, como ves… Ésta es mi mujer, Luisa, nacida Vanzenbach… luterana… Y éste es mi hijo, Nafanail, alumno de la tercera clase. ¡Nafania, este amigo mío es amigo de la infancia! ¡Estudiamos juntos en el gimnasio!

Nafanail reflexionó un poco y se quitó el gorro.

-¡Estudiamos juntos en el gimnasio! -prosiguió el flaco-. ¿Recuerdas el apodo que te pusieron? Te llamaban Eróstrato porque pegaste fuego a un libro de la escuela con un pitillo; a mí me llamaban Efial, porque me gustaba hacer de espía… Ja, ja… ¡Qué niños éramos! ¡No temas, Nafania! Acércate más … Y ésta es mi mujer, nacida Vanzenbach… luterana.

 

Nafanail lo pensó un poco y se escondió tras la espalda de su padre.

-Bueno, bueno. ¿Y qué tal vives, amigazo? -preguntó el gordo mirando entusiasmado a su amigo-. Estarás metido en algún ministerio, ¿no? ¿En cuál? ¿Ya has hecho carrera?

 

-¡Soy funcionario, querido amigo! Soy asesor colegiado hace ya más de un año y tengo la cruz de San Estanislao. El sueldo es pequeño… pero ¡allá penas! Mi mujer da lecciones de música, yo fabrico por mi cuenta pitilleras de madera… ¡Son unas pitilleras estupendas! Las vendo a rublo la pieza. Si alquien me toma diez o más, le hago un descuento, ¿comprendes? Bien que mal, vamos tirando. He servido en un ministerio, ¿sabes?, y ahora he sido trasladado aquí como jefe de oficina por el mismo departamento… Ahora prestaré mis servicios aquí. Y tú ¿qué tal? A lo mejor ya eres consejero de Estado, ¿no?

-No, querido, sube un poco más alto -contestó el gordo-. He llegado ya a consejero privado… Tanto dos estrellas.

 

Súbitamente el flaco se puso pálido, se quedó de una pieza; pero en seguida torció el rostro en todas direcciones con la más amplia de las sonrisas; parecía que de sus ojos y de su cara saltaban chispas. Se contrajo, se encorvó, se empequeñeció… Maletas, bultos y paquetes se le empequeñecieron, se le arrugaron… El largo mentón de la esposa se hizo aún más largo; Nafanail se estiró y se abrochó todos los botones de la guerrera…

 

-Yo, Excelencia… ¡Estoy muy contento, Excelencia! ¡Un amigo, por así decirlo, de la infancia, y de pronto convertido en tan alto dignatario!¡Ji, ji!

 

-¡Basta, hombre! -repuso el gordo, arrugando la frente-. ¿A qué viene este tono? Tú y yo somos amigos de la infancia. ¿A qué viene este tono? Tú y yo somos amigos de la infancia, ¿a qué me vienes ahora con zarandajos y ceremonias?

-¡Por favor!… ¡Cómo quiere usted…! -replicó el flaco, encogiéndose todavía más, con risa de conejo-. La benevolente atención de Su Excelencia, mi hijo Nafanail… mi esposa Luisa, luterana, en cierto modo…

 

El gordo quiso replicar, pero en el rostro del flaco era tanta la expresión de deferencia, de dulzura y de respetuosa acidez, que el consejero privado sintió náuseas. Se apartó un poco del flaco y le tendió la mano para despedirse.

 

El flaco estrechó tres dedos, inclinó todo el espinazo y se rió como un chino: “¡Ji, ji, ji!” La esposa se sonrió.

Nafanail dio un taconazo y dejó caer la gorra. Los tres estaban agradablemente estupefactos.

MÚSICA PARA LEER

ANTÓN CHÉJOV

Pincelada biográfica

Antón Pávlovich Chéjov, nació el 29 de enero de 1860 en el imperio ruso y murió el 15 de julio de 1904 en Badenweiler, imperio alemán. Además de escritor fue médico y se especializó en el relato corto del cual es uno de sus más preclaros representantes. Los críticos lo inscriben en las corrientes del Realismo y el Naturalismo. Aunque se inició en la escritura por razones económicas, luego se percató de que podía hacer grandes aportes al cuento breve adquiriendo un excelente manejo del monólogo. Sus obras han influido a grandes escritores entre ellos: James Joyce, Tennessee Williams y Raymond Carver.

Escritos relacionados

Sigue nuestras redes sociales

Frases de Nostalgia

Deja un comentario

Frases de Daniel Defoe

Deja un comentario

Frases de Gobernar

Deja un comentario

Frases de Responsabilidad

Deja un comentario

Frases de Fe

Deja un comentario

Frases de Capricho

Deja un comentario

Frases de Querer

Deja un comentario

Entradas recientes

Vota por este contenido

¡Haz clic en una estrella para puntuar!

Promedio de puntuación 5 / 5. Conteo de votos: 1

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Deja un comentario

Total Page Visits: 148 - Today Page Visits: 1
Scroll hacia arriba