«Pasa el lunes» de Jaime Sabines (Poema)

PASA EL LUNES

Jaime Sabines

Poema / México

Crítica literaria de "Pasa el lunes"

El poema «Pasa el lunes» de Jaime Sabines es una obra que aborda temas fundamentales de la existencia humana y la fugacidad del tiempo. A través de un lenguaje sencillo pero profundo, el autor nos sumerge en una reflexión sobre la monotonía de la vida cotidiana y la inevitabilidad de la mortalidad.

La estructura repetitiva del poema, con la enumeración de los días de la semana y los meses del año, sirve para destacar la rutina y la continuidad de la vida. La gotera que cae sobre la cama simboliza el paso del tiempo, que puede resultar tedioso y monótono, como una gota constante y estéril. Sabines utiliza una imagen impactante para representar el tiempo como una gota que cae «sobre el corazón aturdido», lo que sugiere la idea de que la vida puede resultar pesada y desalentadora.

El poema también aborda cuestiones existenciales y la búsqueda de significado en la vida. Sabines plantea preguntas profundas sobre la identidad, la memoria y el propósito, lo que nos lleva a reflexionar sobre la fugacidad de la vida y la necesidad de encontrar sentido en medio de la cotidianidad y la inevitable finitud.

El uso de la palabra «Dios» en el poema añade un componente espiritual y reflexivo, aludiendo a la necesidad humana de creer en algo más grande que uno mismo para enfrentar la verdad de la existencia. La poesía de Sabines sugiere que, aunque enfrentamos la realidad de nuestra vulnerabilidad y debilidad, encontramos consuelo y sentido en la búsqueda de amor, esperanza y creencia en algo trascendental.

En resumen, «Pasa el lunes» es un poema que invita a la reflexión sobre la rutina de la vida, la búsqueda de sentido y la inevitabilidad de la muerte. La simplicidad de su lenguaje y la profundidad de sus temas hacen de este poema una obra literaria rica en significado y conmovedora en su sencillez.

PASA EL LUNES

Pasa el lunes y pasa el martes

y pasa el miércoles y el jueves y el viernes

y el sábado y el domingo,

y otra vez el lunes y el martes

y la gotera de los días sobre la cama donde se quiere

dormir,

la estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón

aturdido,

la vida pasando como estas palabras.

lunes, martes, miércoles,

enero, febrero, diciembre, otro año, otro año, otra vida.

La vida yéndose sin sentido, entre la borrachera y la conciencia,

entre la lujuria y el remordimiento y el cansancio.

 

Encontrarse, de pronto, con las manos vacías,

con el corazón vacío,

con la memoria como una ventana hacia la obscuridad,

y preguntarse: ¿qué hice?, ¿qué fui?, ¿en donde estuve?

Sombra perdida entre las sombras,

¿cómo recuperarte, rehacerte, vida?

 

Nadie puede vivir de cara a la verdad

sin caer enfermo o dolerse hasta los huesos.

Porque la verdad es que somos débiles y miserables

y necesitamos amar, ampararnos, esperar, creer y

afirmar.

No podemos vivir a la intemperie

en el solo minuto que nos es dado.

¡Qué hermosa palabra “Dios”, larga

y útil al miedo, salvadora!

Aprendemos a cerrar los labios del corazón

cuando quiera decirla,

y enseñémosle a vivir en su sangre,

a revolcarse en su sangre limitada.

 

no hay más que esta ternura que siento hacia ti,

engañado,

porque algún día vas a abrir los ojos

y mirarás tus ojos cerrados para siempre.

no hay más que esta ternura de mí mismo

que estoy abierto como un árbol,

plantado como un árbol, recorriéndolo todo.

 

He aquí la verdad: hacer las máscaras,

recitar las voces, elaborar los sueños,

Ponerse el rostro del enamorado,

la cara del que sufre,

la faz del que sonríe,

el día lunes, y el martes, y el mes de marzo

y el año de la solidaridad humana,

y comer a las horas lo mejor que se pueda,

y dormir y ayuntar,

y seguirse entrenando ocultamente para el evento final

del que no habrá testigos.

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