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“Campanas de Bastabales” de Rosalía de Castro

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Campanas de Bastabales de Rosalía de Castro

España

CAMPANAS DE BASTABALES

Rosalía de Castro

Campanas de Bastabales,

cuando os oigo tocar,

me muero de añoranzas.

 

I

Cuando os oigo tocar,

campanitas, campanitas,

sin querer vuelvo a llorar.

 

Cuando de lejos os oigo

pienso que por mí llamáis

y de las entrañas me duelo.

 

Me duelo de dolor herida,

que antes tenía vida entera

y hoy tengo media vida.

 

Sólo media me dejaron

los que de allá me trajeron,

los que de allá me robaron.

 

No me robaron, traidores,

¡ay!, unos amores locos,

¡ay!, unos locos amores.

 

Que los amores ya huyeron,

las soledades vinieron…

de pena me consumieron.

 

II

Allá por la mañanita

subo sobre los oteros

ligerita, ligerita.

 

Como una cabra ligera

para oir de las campanas

la campanada primera.

 

La primera de la alborada

que me traen los aires

por verme más consolada.

 

Por verme menos llorosa,

en sus alas me la traen

retozona y quejumbrosa.

 

Quejumbrosa y temblando

entre la verde espesura,

entre la verde arboleda.

 

Y por la verde pradera,

sobre la vega llana,

juguetona y juguetona.

 

III

Despacito, despacito

voy por la tarde callada

de Bastabales camino.

 

Camino de mi contento;

y en tanto el sol no se esconde

en una piedrita me siento.

 

y sentada estoy mirando

como la luna va saliendo,

como el sol se va poniendo.

 

Cual se acuesta, cual se esconde

mientras tanto corre la luna

sin saberse para dónde.

 

Para dónde va tan sola

sin que a los tristes que la miramos

ni nos hable ni nos oiga

 

Que si oyera y nos hablara

muchas cosas le dijera,

muchas cosas le contara.

 

IV

Cada estrella, su diamante;

cada nube, blanca pluma;

triste la luna marcha delante.

 

Delante marcha clareando

vegas, prados, montes ríos,

donde el día va faltando

 

Falta el día y noche oscura

baja, baja, poco a poco,

por montañas de verdor.

 

De verdor y de follaje,

salpicada de fuentecillas

bajo la sombra del ramaje.

 

Del ramaje donde cantan

pajarillos piadores,

que con la aurora se levantan.

 

Que con la noche se adormecen

para que canten los grillos

que con las sombras aparecen.

 

V

Corre el viento, el río pasa.

Corren nubes, nubes corren

camino de mi casa.

 

Mi casa, mi abrigo,

se van todos, yo me quedo

sin compañía ni amigo.

 

Yo me quedo contemplando

las llamas del hogar en las casitas

por las que vivo suspirando.

 

Viene la noche…, muere el día,

las campanas tocan lejos

las notas del Ave María.

 

Ellas tocan para que rece;

yo no rezo que los sollozos

ahogándome parece

que por mi tienen que rezar.

 

Campanas de Bastabales

cando vos oio tocar,

me muero de añoranzas.

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