«Episodio del enemigo» de Jorge Luis Borges (Cuento breve)

EPISODIO DEL ENEMIGO

Jorge Luis Borges

Cuento breve / Argentina

Crítica literaria

La narración del “Episodio del enemigo” está en primera persona y presenta un momento de enfrentamiento entre el narrador y un enigmático enemigo que ha estado buscando durante años. La historia comienza con una sensación de amenaza y ansiedad mientras el enemigo se acerca a la casa del narrador. Sin embargo, el giro se produce cuando el narrador, en un estado de extrema tensión gira la historia hacia un final inesperado.

El cuento de Borges explora temas universales como el tiempo, la identidad, la culpabilidad y la percepción de la realidad. El narrador se enfrenta a su propio pasado y a la idea de la venganza. Este cuento es un recordatorio de la fragilidad de la existencia y de cómo nuestras propias preocupaciones pueden ser tan poderosas como cualquier amenaza externa.

La narración del escritor argentino es concisa y precisa, lo que contribuye a la intensidad de la historia. La prosa es magistral con una capacidad para transmitir sensaciones de peligro inminente. La trama se desarrolla con una economía notable de palabras, pero la profundidad de la reflexión que genera es excepcional.

En resumen, «Episodio del enemigo» es un cuento que muestra la habilidad de Jorge Luis Borges para tejer elementos filosóficos y psicológicos en una narrativa breve y evocadora. 

EPISODIO DEL ENEMIGO

Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con un bastón, con un torpe bastón que en sus viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no sé griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón, que no volví a ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero solo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.

Me incliné sobre él para que me oyera.

-Uno cree que los años pasan para uno -le dije-, pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.

Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.

Me dijo entonces con voz firme:

-Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Le tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.

Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y solo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:

-En verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.

-Precisamente porque ya no soy aquel niño -me replicó- tengo que matarlo. No se trata de una venganza, sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.

-Puedo hacer una cosa -le contesté.

-¿Cuál? -me preguntó.

-Despertarme.

Y así lo hice.

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