«Canto IX: Último canto de Safo» de Giacomo Leopardi (Poema)

CANTO IX: ÚLTIMO CANTO DE SAFO

Giacomo Leopardi

Poema / Italia

Plácida noche y pudoroso rayo

de la luna que muere; y tú que naces

sobre la roca, entre la muda selva,

nuncio del día; ¡oh caras, deleitosas

apariencias, mientras desconocía

el hado y la pasión! ; ya no sonríe

dulce visión al desolado afecto.

Sólo se aviva nuestro gozo insólito

cuando en el éter líquido girando

va, y por los campos trepidantes, la ola

polvorienta del noto, y cuando el carro,

grave carro de Júpiter, divide,

sobre nuestra cabeza, el aire oscuro.

Nos place, por barrancos y hondos valles,

nadar entre el turbión, y ver la fuga

de espantados rebaños, y del río

en la insegura orilla

la vencedora ira de la onda.

 

Bello tu manto es, divino cielo;

bella tú, húmeda tierra. ¡Ay! , de esta inmensa

beldad parte ninguna concedieron

los dioses y la suerte despiadada

a la mísera Safo. En tus soberbios

reinos, Natura, esclavo y grave huésped

y amante despreciada soy, y en vano

en tus graciosas formas, suplicante

fijo los ojos. Para mí no ríen

la abierta playa ni de etérea puerta

el matutino albor; no me saludan

el canto de pintados pajarillos

ni el murmullo del haya; ya la sombra

del inclinado sauce, donde corre

del candoroso arroyo el puro seno,

a mi lúbrico pie la ondeante linfa

esquiva desdeñosa

y huye de las riberas perfumadas-

 

¿Qué pecado, qué exceso tan nefando

manchó mi nacimiento, que tan torvos

se me mostraron cielos y fortuna?

¿En qué pequé de niña, cuando ignara

de maldad es la vida, que privada

de juventud, y desflorado, el huso

de la inflexible Parca retorcía

mi oscuro hilo vital? Incautas voces

tu labio esparce; el destinado evento

rige arcano poder. Arcano es todo

menos nuestro dolor. Prole olvidada,

para el llanto nacemos, y el motivo

sólo los dioses saben. ¡Oh esperanzas

de la más verde edad! A la apariencia

el Padre dió en el mundo eterno reino;

y por grandes que sean las empresas,

docto el canto o la lira,

no luce la virtud en feo manto.

 

Moriremos. Caído el velo indigno,

desnuda el alma bajará al Averno,

y el crudo fallo enmendará del ciego

dispensador de eventos. Tú, que hondo

amor y fe me inspiras, por quien vano

furor me oprime de áspero deseo,

vive feliz, si puede en este mundo

feliz alguien vivir. por mí no vierte

el suave licor del vaso avaro

Jove, después que el sueño y los engaños

de mi niñez murieron. Los alegres

días de juventud rápidos pasan.

Quedan los males, la vejez, la sombra

de la gélida muerte. Así, de tantos

gratos errores y esperadas palmas,

resta el Tártaro; y va el osado ingenio

a la tenaria diosa,

la oscura noche y la silente orilla.

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