El gran poeta venezolano, Cruz Salmerón Acosta, presenta este soneto con dos caras. La primera afirmando que el paisaje ante sus ojos simboliza todo lo alegre de su península natal.
El viento del norte soplaba tempestuoso, arrastrando por el cielo enormes nubes invernales, pesadas y negras, que arrojaban al pasar sobre la tierra furiosos chaparrones.