«Silencio» de Francis Jammes (Poema)

SILENCIO

Francis Jammes

POEMA/FRANCIA

Silencio. Luego una golondrina en un postigo

hace un sonido de cielo en el aire fresco y azulado,

sola. Luego dos cascos pasan despacio por la calle.

 

El campo luce pálido, pero en el cielo gris que cambia

ya se percibe el azul que ha de entibiar el día.

Pienso en los amores de otros tiempos, en los amores

de los que vivían en los parques de los países hermosos

llenos de viñas, de trigo, de heno y de maíz. 

Los pavos reales azules se agitaban en los verdes prados,

y las hojas verdes se reflejaban en los cristales verdes

en el despertar del cielo que se había vuelto verde.

Las cadenas en el establo donde la sombra estaba abierta

producían un ruido tembloroso de entrechocar de vasos.

Pienso en el viejo castillo de la finca,

en los cazadores que salían en las mañanas de verano,

en los ladridos largos de los perros rastreadores que avanzan arrastrándose…

En la enorme escalera encerada estaba la barandilla.

Alta era la puerta, desde la cual los recién casados,

al escuchar que se iban los abuelos, se reían,

se abrazaban y unían sus hermosos labios,

mientras que en las madrigueras de plata temblaban las liebres.

 

Qué hermosos eran esos tiempos en que los muebles Imperio

brillaban con el lustre y las manijas de bronce…

Era algo encantador, muy feo y simétrico

como el sombrero de Napoleón primero.

 

Pienso también en las tardes en que las niñas

jugaban al volante cerca de la alta reja.

Llevaban pantalones que iban más abajo

de sus vestidos decorosos y les llegaban a los pies:

Herminie, Coralie, Clémence, Célanire,

Aménaïde, Athénaïs, Julie, Zulmire;

sus grandes sombreros de paja tenían largas cintas.

De pronto, un pavo real azul se encaramaba en un banco.

Una raqueta lanzaba un último volante

que iba a morir en la noche que dormía entre las hojas,

mientras se oía el retumbar de la tormenta en ciernes.

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