«El epílogo de Clay» de Emiliano Olivares

EL EPÍLOGO DE CLAY

Emiliano Olivares
CUENTO /VENEZUELA
El epílogo de Clay. Foto: Bianca Cordero

Ustedes están conociendo mis últimos días, pero déjenme decirles: yo he sido el jefe de Cubagua durante más de una década, además, fui el primero de mi clase en esta isla. Tal vez no lo parezca ahora, pues estoy lleno de cicatrices de viejas aventuras y con heridas abiertas de mi última batalla, en la cual, uno de mis numerosos descendientes malagradecidos me dejó claro que ya no tengo derecho a volver a transmitir mis genes.

Soy el centinela más fiel de esta estación, fundada por un tal Doctor Cervigón. Por aquí han pasado muchísimos pescadores, estudiantes, profesores, turistas y hombres libres casados con la mar… Todos ellos tuvieron que pedirme permiso para pasar. Luego, pagaron el peaje dejándome un rico manjar de sobras de pescado.

Para vivir en este paraíso en donde los humanos se entretienen con mis vistas cotidianas, hay que bregar duro bajo el sol perpetuo y tragarse las espinas. Porque aquí las púas son más abundantes que el agua dulce, la brea adorna las aguas del sudoeste y un ferry oxidado es ahora un pent-house para peces.

El final está cerca. Cada noche trae más frío a mis huesos, día tras día la sed es mayor. Por eso estoy aquí, echado, esperando mi último suspiro de forma digna. Me retiro porque estoy cansado, prefiero reposar tranquilo a ser el segundo de algún otro. Lo importante para ustedes, mis estimados visitantes, es que nunca olviden quién será siempre el verdadero jefe de Cubagua.

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