«Bodas de sangre» de Federico García Lorca (Acto II, Cuadro II) (Drama)

BODAS DE SANGRE

Federico García Lorca

Acto Segundo, Cuadro II

ACTO II, CUADRO II

Exterior de la cueva de la NOVIA. Entonación en blancos grises y azules fríos. Grandes chumberas. Tonos sombríos y plateados. Panorama de mesetas color barquillo, todo endurecido como paisaje de cerámica popular.

CRIADA       

  (Arreglando en una mesa copas y bandejas.)

Giraba,                      

giraba la rueda                   

y el agua pasaba,               

porque llega la boda,                     

que se aparten las ramas             

y la luna se adorne            

por su blanca baranda.                 

 (En voz alta.)

¡Pon los manteles!             

 (En voz patética.)

Cantaban,                

cantaban los novios                      

y el agua pasaba,               

porque llega la boda,                     

que relumbre la escarcha             

y se llenen de miel             

las almendras amargas.                

 (En voz alta.)

¡Prepara el vino!                 

 (En voz poética.)

Galana.                    

Galana de la tierra,             

mira cómo el agua pasa.              

Porque llega tu boda                     

recógete las faldas            

y bajo el ala del novio                   

nunca salgas de tu casa.              

Porque el novio es un palomo                 

con todo el pecho de brasa                     

y espera el campo el rumor                     

de la sangre derramada.               

Giraba,                      

giraba la rueda                   

y el agua pasaba.               

¡Porque llega tu boda,                   

deja que relumbre el agua!                      

MADRE.-    (Entrando.) ¡Por fin!

PADRE.-  ¿Somos los primeros?

CRIADA.-  No. Hace rato llegó Leonardo con su mujer. Corrieron como demonios. La mujer llegó muerta de miedo. Hicieron el camino como si hubieran venido a caballo.

PADRE.-  Ése busca la desgracia. No tiene buena sangre.

MADRE.-  ¿Qué sangre va a tener? La de toda su familia. Mana de su bisabuelo, que empezó matando, y sigue en toda la mala ralea, manejadores de cuchillos y gente de falsa sonrisa.

PADRE.-  ¡Vamos a dejarlo!

CRIADA.-  ¿Cómo lo va a dejar?

MADRE.-  Me duele hasta la punta de las venas. En la frente de todos ellos yo no veo más que la mano con que mataron a lo que era mío. ¿Tú me ves a mí? ¿No te parezco loca? Pues es loca de no haber gritado todo lo que mi pecho necesita. Tengo en mi pecho un grito siempre puesto de pie a quien tengo que castigar y meter entre los mantos. Pero me llevan a los muertos y hay que callar. Luego la gente critica.  (Se quita el manto.)

PADRE.-  Hoy no es día de que te acuerdes de esas cosas.

MADRE.-  Cuando sale la conversación, tengo que hablar. Y hoy más. Porque hoy me quedo sola en mi casa.

PADRE.-  En espera de estar acompañada.

MADRE.-  Ésa es mi ilusión: los nietos.

(Se sientan.)

PADRE.-  Yo quiero que tengan muchos. Esta tierra necesita brazos que no sean pagados. Hay que sostener una batalla con las malas hierbas, con los cardos, con los pedruscos que salen no se sabe dónde. Y estos brazos tienen que ser de los dueños, que castiguen y que dominen, que hagan brotar las simientes. Se necesitan muchos hijos.

MADRE.-  ¡Y alguna hija! ¡Los varones son del viento! Tienen por fuerza que manejar armas. Las niñas no salen jamás a la calle.

PADRE.-   (Alegre.) Yo creo que tendrán de todo.

MADRE.-  Mi hijo la cubrirá bien. Es de buena simiente. Su padre pudo haber tenido conmigo muchos hijos.

PADRE.-  Lo que yo quisiera es que esto fuera cosa de un día. Que en seguida tuvieran dos o tres hombres.

MADRE.-  Pero no es así. Se tarda mucho. Por eso es tan terrible ver la sangre de una derramada por el suelo. Una fuente que corre un minuto y a nosotros nos ha costado años. Cuando yo llegué a ver a mi hijo, estaba tumbado en mitad de la calle. Me mojé las manos de sangre y me las lamí con la lengua. Porque era mía. Tú no sabes lo que es eso. En una custodia de cristal y topacios pondría yo la tierra empapada por ella.

PADRE.-  Ahora tienes que esperar. Mi hija es ancha y tu hijo es fuerte.

MADRE.-  Así espero.

(Se levantan.)

PADRE.-  Prepara las bandejas de trigo.

CRIADA.-  Están preparadas.

MUJER DE LEONARDO.-   (Entrando.) ¡Que sea para bien!

MADRE.-  Gracias.

LEONARDO.-  ¿Va a haber fiesta?

PADRE.-  Poca. La gente no puede entretenerse.

CRIADA.-  ¡Ya están aquí!

(Van entrando invitados en alegres grupos. Entran los NOVIOS cogidos del brazo. Sale LEONARDO.)

NOVIO.-  En ninguna boda se vio tanta gente.

NOVIA.-   (Sombría.) En ninguna.

PADRE.-  Fue lucida.

MADRE.-  Ramas enteras de familias han venido.

NOVIO.-  Gente que no salía de su casa.

MADRE.-  Tu padre sembró mucho y ahora lo recoges tú.

NOVIO.-  Hubo primos míos que yo ya no conocía.

MADRE.-  Toda la gente de la costa.

NOVIO.-   (Alegre.) Se espantaban de los caballos.

(Hablan.)

MADRE.-   (A la NOVIA.)  ¿Qué piensas?

NOVIA.-  No pienso en nada.

MADRE.-  Las bendiciones pesan mucho.

(Se oyen guitarras.)

NOVIA.-  Como plomo.

MADRE.-   (Fuerte.) Pero no han de pesar. Ligera como paloma debes ser.

NOVIA.-  ¿Se queda usted aquí esta noche?

MADRE.-  No. Mi casa está sola.

NOVIA.-  ¡Debía usted quedarse!

PADRE.-   (A la MADRE.) Mira el baile que tienen formado. Bailes de allá de la orilla del mar.

(Sale LEONARDO y se sienta. Su MUJER detrás de él, en actitud rígida.)

MADRE.-  Son los primos de mi marido. Duros como piedras para la danza.

PADRE.-  Me alegra el verlos. ¡Qué cambio para esta casa!  (Se va.)

NOVIO.-   (A la NOVIA.) ¿Te gustó el azahar?

NOVIA.-   (Mirándole fija.) Sí.

NOVIO.-  Es todo de cera. Dura siempre. Me hubiera gustado que llevaras en todo el vestido.

NOVIA.-  No hace falta.

(Mutis LEONARDO por la derecha.)

MUCHACHA 1.ª.-  Vamos a quitarle los alfileres.

NOVIA.-   (Al NOVIO.) Ahora vuelvo

MUJER.-  ¡Que seas feliz con mi prima!

NOVIO.-  Tengo seguridad.

MUJER.-  Aquí los dos; sin salir nunca y a levantar la casa. ¡Ojalá yo viviera también así de lejos!

NOVIO.-  ¿Por qué no compráis tierras? El monte es barato y los hijos se crían mejor.

MUJER.-  No tenemos dinero. ¡Y con el camino que llevamos!…

NOVIO.-  Tu marido es un buen trabajador.

MUJER.-  Sí, pero le gusta volar demasiado. Ir de una cosa a otra. No es hombre tranquilo.

CRIADA.-  ¿No tomáis nada? Te voy a envolver unos roscos de vino para tu madre, que a ella le gustan mucho.

NOVIO.-  Ponle tres docenas.

MUJER.-  No, no. Con media tiene bastante.

NOVIO.-  Un día es un día.

MUJER.-   (A la CRIADA.) ¿Y Leonardo?

CRIADA.-  No lo vi.

NOVIO.-  Debe estar con la gente.

MUJER.-  ¡Voy a ver!  (Se va.)

CRIADA.-  Aquello está hermoso.

NOVIO.-  ¿Y tú no bailas?

CRIADA.-  No hay quien me saque.

(Pasan al fondo dos muchachas; durante todo este acto el fondo será un animado cruce de figuras.)

NOVIO.-   (Alegre.) Eso se llama no entender. Las viejas frescas como tú bailan mejor que las jóvenes.

CRIADA.-  Pero ¿vas a echarme requiebros, niño? ¡Qué familia la tuya! ¡Machos entre los machos! Siendo niña vi la boda de tu abuelo. ¡Qué figura! Parecía como si se casara un monte.

NOVIO.-  Yo tengo menos estatura.

CRIADA.-  Pero el mismo brillo en los ojos. ¿Y la niña?

NOVIO.-  Quitándose la toca.

CRIADA.-  ¡Ah! Mira. Para la medianoche, como no dormiréis, os he preparado jamón y unas copas grandes de vino antiguo. En la parte baja de la alacena. Por si lo necesitáis.

NOVIO.-   (Sonriente.) No como a medianoche.

CRIADA.-   (Con malicia.) Si tú no, la novia. (Se va.)

MOZO 1.º.-   (Entrando.) ¡Tienes que beber con nosotros!

NOVIO.-  Estoy esperando a la novia.

MOZO 2.º.-  ¡Ya la tendrás en la madrugada!

MOZO 1.º.-  ¡Que es cuando más gusta!

MOZO 2.º.-  Un momento.

NOVIO.-  Vamos.

(Salen. Se oye gran algazara. Sale la NOVIA. Por el lado opuesto salen dos muchachas corriendo a encontrarla.)

MUCHACHA 1.ª.-  ¿A quién diste el primer alfiler, a mi o a ésta?

NOVIA.-  No me acuerdo.

MUCHACHA 1.ª.-  A mí me lo diste aquí.

MUCHACHA 2.ª.-  A mí delante del altar.

NOVIA.-   (Inquieta y con una gran lucha interior.)   No sé nada.

MUCHACHA 1.ª.-  Es que yo quisiera que tú…

NOVIA.-   (Interrumpiendo.) Ni me importa. Tengo mucho que pensar.

MUCHACHA 2.ª.-  Perdona.

(LEONARDO cruza el fondo.)

NOVIA.-   (Ve a LEONARDO.) Y estos momentos son agitados.

MUCHACHA 1.ª.-  ¡Nosotras no sabemos nada!

NOVIA.-  Ya lo sabréis cuando os llegue la hora. Estos pasos son pasos que cuestan mucho.

MUCHACHA 1.ª.-  ¿Te ha disgustado?

NOVIA.-  No. Perdonad vosotras.

MUCHACHA 2.ª.-  ¿De qué? Pero los dos alfileres sirven para casarse, ¿verdad?

NOVIA.-  Los dos.

MUCHACHA 1.ª.-  Ahora, que una se casa antes que otra.

NOVIA.-  ¿Tantas ganas tenéis?

MUCHACHA 2.ª.-   (Vergonzosa.) Sí.

NOVIA.-  ¿Para qué?

MUCHACHA 1.ª.-  Pues…  (Abrazando a la segunda.)

(Echan a correr las dos. Llega el NOVIO y, muy despacio, abraza a la NOVIA por detrás.)

NOVIA.-   (Con gran sobresalto.) ¡Quita!

NOVIO.-  ¿Te asustas de mí?

NOVIA.-  ¡Ay! ¿Eras tú?

NOVIO.-  ¿Quién iba a ser?  (Pausa.)  Tu padre o yo.

NOVIA.-  ¡Es verdad!

NOVIO.-  Ahora que tu padre te hubiera abrazado más blando.

NOVIA.-   (Sombría.) ¡Claro!

NOVIO.-  Porque es viejo. (La abraza fuertemente de un modo un poco brusco.)

NOVIA.-   (Seca.) ¡Déjame!

NOVIO.-  ¿Por qué? (La deja.)

NOVIA.-  Pues… la gente. Pueden vernos.

(Vuelve a cruzar el fondo la CRIADA, que no mira a los novios.)

NOVIO.-  ¿Y qué? Ya es sagrado.

NOVIA.-  Sí, pero déjame… Luego.

NOVIO.-  ¿Qué tienes? ¡Estás como asustada!

NOVIA.-  No tengo nada. No te vayas.

(Sale la MUJER de LEONARDO.)

MUJER.-  No quiero interrumpir…

NOVIO.-  Dime.

MUJER.-  ¿Pasó por aquí mi marido?

NOVIO.-  No.

MUJER.-  Es que no le encuentro y el caballo no está tampoco en el establo.

NOVIO.-   (Alegre.) Debe estar dándole una carrera.

(Se va la MUJER, inquieta. Sale la CRIADA.)

CRIADA.-  ¿No andáis satisfechos de tanto saludo?

NOVIO.-  Ya estoy deseando que esto acabe. La novia está un poco cansada.

CRIADA.-  ¿Qué es eso, niña?

NOVIA.-  ¡Tengo como un golpe en las sienes!

CRIADA.-  Una novia de estos montes debe ser fuerte.  (Al NOVIO.)  Tú eres el único que la puede curar, porque tuya es.  (Sale corriendo.)

NOVIO.-   (Abrazándola.) Vamos un rato al baile.  (La besa.)

NOVIA.-   (Angustiada.) No. Quisiera echarme en la cama un poco.

NOVIO.-  Yo te haré compañía.

NOVIA.-  ¡Nunca! ¿Con toda la gente aquí? ¿Qué dirían? Déjame sosegar un momento.

NOVIO.-  ¡Lo que quieras! ¡Pero no estés así por la noche!

NOVIA.-   (En la puerta.) A la noche estaré mejor.

NOVIO.-  ¡Que es lo que yo quiero!

(Aparece la MADRE.)

MADRE.-  Hijo.

NOVIO.-  ¿Dónde anda usted?

MADRE.-  En todo ese ruido. ¿Estás contento?

NOVIO.-  Sí.

MADRE.-  ¿Y tu mujer?

NOVIO.-  Descansa un poco. ¡Mal día para las novias!

MADRE.-  ¿Mal día? El único bueno. Para mí fue como una herencia.

(Entra la CRIADA y se dirige al cuarto de la NOVIA.)

Es la roturación de las tierras, la plantación de árboles nuevos.

NOVIO.-  ¿Usted se va a ir?

MADRE.-  Sí. Yo tengo que estar en mi casa.

NOVIO.-  Sola.

MADRE.-  Sola, no. Que tengo la cabeza llena de cosas y de hombres y de luchas.

NOVIO.-  Pero luchas que ya no son luchas.

(Sale la CRIADA rápidamente; desaparece corriendo por el fondo.)

MADRE.-  Mientras una vive, lucha.

NOVIO.-  ¡Siempre la obedezco!

MADRE.-  Con tu mujer procura estar cariñoso, y si la notas infatuada o arisca, hazle una caricia que le produzca un poco de daño, un abrazo fuerte, un mordisco y luego un beso suave. Que ella no pueda disgustarse, pero que sienta que tú eres el macho, el amo, el que mandas. Así aprendí de tu padre. Y como no lo tienes, tengo que ser yo la que te enseñe estas fortalezas.

NOVIO.-  Yo siempre haré lo que usted mande.

PADRE.-   (Entrando.) ¿Y mi hija?

NOVIO.-  Está dentro.

MUCHACHA 1.ª.-  ¡Vengan los novios, que vamos a bailar la rueda!

MOZO 1.º.-   (Al NOVIO.) Tú la vas a dirigir.

PADRE.-   (Saliendo.) ¡Aquí no está!

NOVIO.-  ¿No?

PADRE.-  Debe haber subido a la baranda.

NOVIO.-  ¡Voy a ver!  (Entra.)

(Se oye algazara y guitarras.)

MUCHACHA 1.ª.-  ¡Ya ha empezado!  (Sale.)

NOVIO.-   (Saliendo.) No está.

MADRE.-   (Inquieta.) ¿No?

PADRE.-  ¿Y adónde puede haber ido?

CRIADA.-   (Entrando.) ¿Y la niña, dónde está?

MADRE.-   (Seria.) No lo sabemos.

(Sale el NOVIO. Entran tres invitados.)

PADRE.-   (Dramático.) Pero ¿no está en el baile?

CRIADA.-  En el baile no está.

PADRE.-   (Con arranque.) Hay mucha gente. ¡Mirad!

CRIADA.-  ¡Ya he mirado!

PADRE.-   (Trágico.) ¿Pues dónde está?

NOVIO.-   (Entrando.) Nada. En ningún sitio.

MADRE.-    (Al PADRE.) ¿Qué es esto? ¿Dónde está tu hija?

(Entra la MUJER de LEONARDO.)

MUJER.-  ¡Han huido! ¡Han huido! Ella y Leonardo. En el caballo. Van abrazados, como una exhalación.

PADRE.-  ¡No es verdad! ¡Mi hija, no!

MADRE.-  ¡Tu hija, sí! Planta de mala madre, y él, él también, él. ¡Pero ya es la mujer de mi hijo!

NOVIO.-   (Entrando.) ¡Vamos detrás! ¿Quién tiene un caballo?

MADRE.-  ¿Quién tiene un caballo ahora mismo, quién tiene un caballo? Que le daré todo lo que tengo, mis ojos y hasta mi lengua…

VOZ.-  Aquí hay uno.

MADRE.-   (Al HIJO.) ¡Anda! ¡Detrás!

(Salen con dos mozos.)

No. No vayas. Esa gente mata pronto y bien…; ¡pero sí, corre, y yo detrás!

PADRE.-  No será ella. Quizá se haya tirado al aljibe.

MADRE.-  Al agua se tiran las honradas, las limpias; ¡ésa, no! Pero ya es mujer de mi hijo. Dos bandos. Aquí hay ya dos bandos.

(Entran todos.)

Mi familia y la tuya. Salid todos de aquí. Limpiarse el polvo de los zapatos. Vamos a ayudar a mi hijo.

(La gente se separa en dos grupos.)

Porque tiene gente; que son: sus primos del mar y todos los que llegan de tierra adentro. ¡Fuera de aquí! Por todos los caminos. Ha llegado otra vez la hora de la sangre. Dos bandos. Tú con el tuyo y yo con el mío. ¡Atrás! ¡Atrás!

(Telón.)

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