«Rogación» de Manuel Ortiz Guerrero (Poema)

ROGACIÓN

MANUEL ORTIZ GUERRERO

POEMA/ PARAGUAY

Eterna Esperanza todopoderosa,

Madre del Ensueño, del Dolor esposa,

Tutora inefable de los mutilados y ciegos de amor;

Perpetua abogada de los afligidos,

Las tristes princesas, las rosas, los nidos

Que en esta cruzada de vida y de sueño te claman favor.

Nos, los tus ahijados, madrina Esperanza,

Tañemos la grata lira en tu alabanza:

Ceñidas las frentes de espinas y rosas, bendecímoste.

Y gloria a ti sea durante que exista

Un beso en el mundo, un lirio, un artista,

Que lleve en el alma como un solitario diamante, la fe.

Naciste en la cuna del hombre, Señora,

Y siempre aliviaste sus hambres de aurora.;

Tú diste a las aguas del Ganges sagrado tu azul bendición;

Por ti florecieron Bagdad, Babilonia

Y Nínive y Tiro, también Macedonia,

Y Menfis, la ilustre, la Tebas radiante, la altiva Sión.

Tus trenzas celestes mojaste en el Indo,

Besaron tus sienes olivos del Pindo,

Las palmas de Egipto, los mirtos del Asia, de Epiro el laurel;

Remaste cantando con los argonautas,

Al son jubiloso de liras y flautas,

Y, Cólquida siempre, las manos de Fidias llevaste al cincel.

Cuando discutían los sabios de Atenas,

De túnicas largas, sedosas melenas

Y lenguas floridas con ellos Tú estabas bajo el Partenón:

A Homero, el divino señor de las griegas

Cigarras de oro, vendaste las ciegas

Pupilas y entonces, de siglo a otro siglo voló su canción.

Posaste en el Lacio donde, de topacio,

Zafiro y diamantes tuviste un palacio,

Que alzaran tus novios Virgilio y Horacio y Ovidio Inmortal.

Temblaste en Pompeya de horror al estrago,

En Roma venciste, lloraste en Cartago;

¡Tú viste las flores enormes y extrañas del bien y del mal!

Del Puerto de Palos de histórica arena,

Soplaste tres velas, de largas antenas

Que invictas llevara por sobre los mares tu nuevo Jalón:

Tú misma una tarde mostraste el señuelo

De blancas gaviotas marinas en vuelo …

¡Y fue un nuevo Mundo, la aurora siguiente, que diste a Colón!

Perpetuo celaje de la lontananza,

Aquí renovaste, Señora Esperanza,

La Cólquide tuya, tu Hespérides misma, gracias tu virtud.

Tuviste, “Eldorado” que el sueño arrebata,

Tu “Sierra de Oro”, tu “Río de la Plata”;

Con Ponce tuviste la “Fuente imposible de la Juventud”.

Por ti una danzante legión de quimeras

Se va por el mundo tras de tus banderas

Regando el efluvio de las primaveras por sobre el erial;

Por ti se padece, por ti se combate,

Se llora y se canta, se sueña y se late:

¡Por ti estos capullos de rimas, en fresco manojo floral!

Invicta eres, Fénix de sonambulismos,

Triunfante apareces sobre los abismos,

Igual que la luna, te levantas … creces … hostia de ilusión,

Y como la luna también, languideces …

Te adelgazas … ¡mueres! … ¡si mueres cien veces!

¡Las cien, y mil veces! Siempre resucitas en el corazón.

Pues bien, Esperanza, todopoderosa,

Madre, del Ensueño, del Dolor esposa:

Rodando en el río de las multitudes que vienen a ti,

Oscuro trovero de amor también llego,

Las vívidas brasas del verso y del ruego,

Señora, en los labios … No vengo a pedirte favor para mí.

Si todo he perdido, nada desespero.

Fue allá en un recodo del grato sendero,

Clavóme su acero feroz Infortunio, Señora, a traición:

Torpe bandolero, rompió mi florero

De lirios celestes … ¡Robóme el lucero!

No tengo ya nada sino esta bandurria de trémulo son.

Que a mí me taladren la peste y duda,

Y aunque acribillado viva sin tu ayuda,

No importa, no importa con tal de que alcancen otros tu merced;

Bendita Esperanza: yo vengo a implorarte

Por los que en el vasto Sahara del Arte,

Cargado de ensueños y exhaustos de fuerzas, se mueren de sed;

Por los cincelistas fogosos y raros

Que un día iniciaron la marcha hacia Paros,

Y desatinados vagan para siempre por el Boulevard:

Las brochas cargadas de un cárdeno intenso,

Y van por seis lustros que esperan el lienzo,

El lienzo inefable que nunca, ya nunca podrán realizar:

Por el nocheriego violín que desate

Su lluvia de perlas en la serenata

Cuando tartamudo sus versos de oro recita el flautín;

Por los que vertieron su acíbar secreto

En el venenoso panal de un cuarteto,

Dejándonos toda su herencia divina de sueño y de esplín.

No es cierto, Señora, que en el mundo ha muerto.

Tu luz, ni tu canto, no es cierto, no es cierto.

Ceñidas las frentes de espinas y rosas bendecímoste.

Y gloria a ti sea durante que exista

Un beso en el mundo, un lirio, un artista

Que lleve en el alma como un solitario diamante, la fe.

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