«Oda a la melancolía» de John Keats

ODA A LA MELANCOLÍA

John Keats

POEMA/REINO UNIDO

No, no, no acudas al Leteo, ni exprimas

El jugo venenoso del acónito o de las raíces;

Ni permitas que tu pálida frente sea besada

Por la dulcamara, la uva Rubí de Proserpina;

No armes tu rosario con las bayas del tejo,

Ni permitas que el escarabajo o la mariposa

Se conviertan en tu Psiquis luctuosa, o que el búho

De suaves plumas comparta los misterios de tu tristeza,

Pues sombra a sombra el sueño se tornará profundo,

Y terminará ahogando la vigilante angustia del alma.

 

Pero cuando la Melancolía descienda súbitamente

Desde el cielo, como una nube deshecha en llanto,

Sobre las flores de tallos marchitos alentando,

Escondiendo la verde colina en un sudario de abril,

Vacía entonces tu pena sobre una rosa matinal,

O en el arco iris de la ola sobre la playa,

O en el resplandor de las multicolores peonías;

O, si tu amada da muestras de femenina ira,

Envuelve entre las tuyas su mano deliciosa,

Y déjala delirar, sumérgete hondo, muy hondo,

En sus ojos incomparables.

 

Ella vive con la Belleza (la Belleza condenada a morir),

Y con la Alegría, cuya mano siempre se posa sobre sus labios,

Dando el último, definitivo adiós;

Cerca también del doloroso placer, que la boca

Ávida no ha dejado de saborear, aun cuando sea veneno.

Si, en el mismo templo del Deleite

Tiene la Melancolía su castillo soberano,

Aunque invisible para muchos ojos,

Excepto para aquel cuya lengua temeraria es capaz

De exprimir contra su paladar el fruto de la Alegría,

Y cuya alma, tras beber la tristeza de su poderío,

Será colgada entre sus vastos trofeos sombríos.

 

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