«Canción a la disolución de Colombia» de Andrés Bello (Poema)

CANCIÓN A LA DISOLUCIÓN DE COLOMBIA

ANDRÉS BELLO

POEMA/ CHILE-VENEZUELA

Deja, discordia bárbara, el terreno

que el pueblo de Colón a servidumbre

redimió vencedor; y allá vomita,

aborrecida furia, tu veneno,

y esa tu tea, a cuya triste lumbre

el tierno pecho maternal palpita,

allá tan sólo agita,

donde jamás fue oído

de libertad el nombre,

y donde el cuello dobla, encallecido

bajo indigna cadena, el hombre al hombre.

 

¿El que la ley ató sagrado nudo

que se dignaron bendecir los cielos

en tanta heroica lid desde los llanos

que baña el Orinoco hasta el desnudo

remoto Potosí, romperán celos

indignos de patriotas y de hermanos?

¿De labios colombianos

saldrá la voz impía:

Colombia fue? ¿Y el santo

título abjuraremos que alegría

al nuevo mundo dio y a Iberia espanto?

 

¡Ah! no será, ni en corazones cabe

que enamoró la gloria, tanta mengua;

o si pudo el valor desatentado

culpa, un momento, consentir tan grave;

honor lo contradijo, y de la lengua

volvió la voz al pecho horrorizado;

que no en vano regado

con la sangre habrá sido

de víctimas sin cuento

el altar, do en mil votos repetido

se oyó de unión eterna el juramento.

 

¿Qué acento pudo a la postrada España

más alegre sonar? Miradla el luto

mudar gozosa en púrpura fulgente.

Ya en su delirio, la visión apaña

del cetro antiguo, y el servil tributo

demanda con usura al Occidente.

Brilla en la cana frente

el orgullo altanero,

cual súbito revive,

cuando iba el rayo a despedir postrero,

la tibia luz que pábulo recibe.

 

“¿Es éste el pueblo desdeñoso, esquivo,

¡con irrisión dirá ¿qué oprobio estima

mis leyes, y mi nombre vituperio?

No de tener el corazón altivo

de sus padres blasone; no le anima

alma capaz de libertad e imperio.

En largo cautiverio

degeneraron; falta

para llevar a cabo

una empresa tan alta

generosa virtud al que fue esclavo.

 

“¿Veislos violar el pacto, fementidos,

jurado apenas? ¿Veislos ya la espada

contra sí revolver? El ebrio sueño

desvanecióse; en breve, en breve uncidos

pedirán ser a la coyunda usada,

y de la voz se acordarán del dueño”.

-¡Ciego error! ¡Vano empeño!

Si dejada el torrente

su natural costumbre,

arrastrare sus ondas a la fuente,

querrá volver el libre a servidumbre.

 

Mas, ¡oh vosotros!, ¿dejaréis que infame

la causa que os unió maldad tamaña?

¿Falta al acero empleo? ¿No hay tirano

que herencia suya vuestro suelo llame?

¿Vengóse ya la sangre que lo baña?

¿Los rumbos olvidó del oceano

el pabellón hispano?…

¿Qué digo? A vuestra vista

las barras y leones

en arreo desplega de conquista,

y guía a nueva lid nuevas legiones.

 

Sí, que de Cuba en la vecina playa

¡merced a los furores parricidas

que en común daño alimentáis, y afrenta¿

os amenaza Iberia, os atalaya,

y de combates mil las esparcidas

reliquias apellida, y junta, y cuenta.

De allí la seña ostenta

a la traición aleve,

que callada vigila

entre vosotros, y las tramas mueve

de oculto fraude, y ya el puñal afila.

 

¿Y en míseras contiendas distraídos

la pública salud tenéis en nada?

¿Queréis que, de humo y polvo en nube densa,

el bronce tronador dé a los oídos

súbito aviso de enemiga entrada,

para acudir a la común defensa?

¡Cuán otro el que así piensa

de los que libertaron

de los incas la cuna,

y al carro de Colombia encadenaron

en distantes batallas la fortuna!

 

Mirad, mirad en cuál congoja y duelo

a la Patria sumís, que la unión santa

con voz llorosa invoca y suplicante.

La dulce Patria, en que la luz del cielo

visteis primera, y do la débil planta

estampó el primer paso vacilante;

la que os sustenta, amante

y liberal nodriza;

la que en su seno encierra

de tanto ilustre mártir la ceniza,

¿teatro haréis de abominable guerra?

 

¡Guerra entre hermanos, fiera guerra, impía,

do el valor frenesí, do la lid crimen,

y aun el vencer ignominioso fuera!

¡Ah, no! volved en vos; y aquel que un día

amor de patria, aquéllas os animen

con que humillasteis la arrogancia ibera,

virtud sublime, austera,

y ardiente sed de fama,

y fe de limpio brillo;

una es la senda a que la Patria os llama,

uno el intento sea, uno el caudillo.

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