«Anacronismo» de José Santos Chocano (Poema)

BLASÓN

José Santos Chocano

POEMA/PERÚ

Debí yo haber nacido no en esta Edad sin gloria,

sino en un tiempo heroico que nunca volverá.

Mi espíritu es como una página de la Historia.

Los que me ven se dicen acaso: —¿Adónde va?

Oír fábulas viejas

y cuentos y consejas

es mi único placer.

Soy como un peregrino

que ha extraviado el camino;

y llega adonde nadie le puede conocer…

 

¿Por qué Quién me dio vida no completó su obra?

¡Me aflige lo que falta! ¡Me aburre lo que sobra!

Mi patria no es la tierra que yo soñase mía:

la amo no como ahora sino como fué un día,

O bajo del gran Imperio del Sol, con el tesoro

de los Incas, ¡oh tiempos brillantes como el oro!

o bajo de la insignia de los virreyes, cuando

se vivía riendo, se moría matando

Los Incas, los Virreyes,

las pretéritas leyes,

las pompas extinguidas,

las fabulosas vidas,

me imprimen su prestigio dentro del corazón;

y me siento hoy tan fuera

de lugar en mi patria como hombre de otra Era,

que contemplar pudiera

esas cosas que fueron y estas cosas que son

Nadie, nadie conoce

todo el íntimo goce

con que repaso a veces las memorias de ayer.

Con mis nerviosas manos abro el infolio y leo,

como un enamorado las cartas que el deseo

dictase a una mujer.

Historia: eres mi amante. Yo vivo enamorado

de ti. Mi verdadero presente es el pasado…

 

Amo el Sol que chispea sobre el incaico trono

como un alarde ciego de lujuria o encono,

amo el fulgor que nimba los cascos vencedores

y las finas corazas de los Conquistadores,

amo la pedrería que irradia en los vestidos

de los Virreyes todos flamantes y pulidos

y hasta el candil a cuyo rojizo resplandor

escribe sus sentencias menguado Inquisidor…

 

Debí yo haber nacido no en esta Edad sin gloria,

sino en alguna vieja página de la Historia.

¿Hoy qué? Busco un amparo tan sólo en esta tierra

donde nació mi Historia, donde vivió la Guerra;

y celebro, en el triunfo de mi canto sonoro,

los castillos de plata, los leones de oro.

 

Soy un Virrey que vuelve de las Indias, en una

reposada galera por la anchura del mar.

Templo mi lira mágica en las noches de Luna,

me recuesto en la borda y así empiezo a cantar:

canto las veleidades de la loca Fortuna,

canto las remembranzas de mi nativo lar,

canto los amoríos que tuve con alguna

india de ojos más negros que una noche polar.

 

Traigo la visión áurea del Nuevo Continente.

¡Oh madre España! dime si lo recuerdas tú;

que para comprar lauros con que ceñir mi frente,

traigo acuñado en versos el oro del Perú.

 

¡Oh madre España! dime si, al repasar tu Historia,

no es justo el que repita lo que te he dicho ya:

debí yo haber nacido no en esta Edad sin gloria,

sino en un tiempo heroico que nunca volverá…

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