«Malaria», novela de Emiliano Olivares

Venezuela

MALARIA

Prólogo

Emiliano Olivares
Ilustración: Yesenia Centeno

2025. Tres años después de la aparición de la malaria radioactiva.

     Caroline Andrews, una estudiante prodigio de Biología Molecular, parece ser la última esperanza de la humanidad, una responsabilidad titánica para una adolescente a punto de cumplir los 18 años. Ella es cinturón negro en karate y recibió un estricto entrenamiento militar, pero no existe preparación física ni psicológica efectiva para anticipar el entorno post apocalíptico que está por enfrentar.

     Se adentra en soledad dentro de las profundidades de la otrora Gran Sabana, una zona devastada por el llamado “Arco Minero” del gobierno de Venezuela entre los años 2016 y 2022. Su objetivo: llegar hasta el Monte Roraima para indagar el origen de la llamada malaria radioactiva, una forma de paludismo ultra agresivo de rápida adaptabilidad. Se calcula que desde su surgimiento a mediados de 2022 hasta su punto de máximo contagio a principios de 2025 acabó con más del 60 % de la población humana de La Tierra.

     Los informes recabados referentes al “apocalipsis microbiológico” indican que “el accidente ocurrido en la Planta Nuclear Hombre Nuevo desencadenó mutaciones en el Plasmodium falciparum, protozoo patógeno del paludismo común, y en el zancudo Anopheles sp., agente intermediario.”

     El germen evolucionó hacia una variedad mucho más pequeña —del tamaño de una mitocondria— e inusualmente prolífica, bautizada como el Plasmodium infernalis, capaz de propagarse por el aire gracias a su triple pared celular que lo protege ante cualquier antibiótico —natural o sintético— más una “nube” de flagelos que lo cubren y lo hacen flotar de manera similar a las esporas fúngicas.

     Igualmente, los Anopheles se convirtieron en insectos súper resistentes gracias a la radiación, capaces de volar países enteros en pocos días y llegar hasta las regiones de climas templados, favorecidos por el calentamiento global. Estos pequeños monstruos fueron denominados A. tsinumoc; con levantones que pueden incubarse dentro de la sangre de los seres humanos.

     Un 28 % de los infectados con estas larvas sanguíneas fueron capaces de sobrevivir a la enfermedad, pero perdieron la conciencia y desarrollaron una necesidad insaciable de consumir carne y fluidos para reponer su altísima tasa metabólica, incluyendo la de personas sanas. Así surgieron las hordas de los temidos caníbales, fácilmente identificables debido a sus ojos sangrantes que no resisten la exposición directa a la luz solar y a su piel llena de pequeños puntos negros.

     Por estas razones, Caroline viste un traje hermético de color negro, fabricado a partir de un nuevo tipo de kevlar de 2 pulgadas de grosor, resistente al fuego y muy flexible; con múltiples bolsillos en las mangas de los brazos y de las piernas. Asimismo, lleva un casco de fibra de vidrio con lectores de Realidad Aumentada (AR), parecido al usado por los astronautas, aunque de menor diámetro.

     Su vestimenta es una indumentaria inteligente que se alimenta de energía solar, la aísla por completo de las temperaturas externas y puede protegerla de la radiación atómica. Adicionalmente, Caroline porta un bolso lleno de provisiones, equipamiento para recoger muestras químicas y biológicas, un par de catanas samuráis, una ametralladora y algunas granadas.

     En principio, Caroline formó parte de una tripulación de científicos seleccionados para conseguir una cura, pero a estas alturas, sólo ella ha sobrevivido. Previo al colapso de la civilización, ella ingresó becada por buen rendimiento académico a la Universidad de Gainesville, FL, con tan solo 15 años de edad.

     En esa casa de estudios también impartían clases sus padres, a quienes debe gran parte de su formación intelectual. Su papá era Johannes Andrews, un conocido geólogo inglés de raza negra y contextura atlética. Su madre, Antonieta Granadillo, una bioanalista colombiana de raza blanca, baja estatura y un poco gorda.

     Semejante combinación genética aparece reflejada en el fenotipo de Caroline: piel morena clara, 172 cm de estatura, 59 Kg. de peso, cabello largo rizado y ojos color castaño. Antes de los traumas de la epidemia, su carácter solía ser elocuente, aunque no tenía amigos fuera del dojo y de los hijos de otros profesores.

 

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Síntesis biográfica de Emiliano Olivares

19 de abril de 1984

Estudios en Biología Marina en la Universidad de Oriente Núcleo Nueva Esparta. Productor audiovisual y documentalista. Miembro desde el año 2013 del circuito de artesanos (especialista en taparo) de la Fundación Empresas Polar. Actualmente trabaja como acuicultor y redactor de artículos científicos y literarios para internet.

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