«Malaria», novela de Emiliano Olivares (Cap. 2)

MALARIA DE EMILIANO OLIVARES CENTENO (Cap. 2)

Venezuela

MALARIA

Capítulo 2: Las preguntas

Emiliano Olivares
Malaria. Capítulo II. Ilustración: Yesenia Centeno

CAPÍTULO 2: Las preguntas

«67… 68… 71 amenazas detectadas… distancia mínima 9 metros»

El número de triángulos rojos que el casco AR de Caroline identifica como la presencia de caníbales no deja de aumentar. A medida que se acercan corriendo, el lector infrarrojo muestra las figuras de sus enemigos.

  • ¡A ver! ¿Quién será el primero?

Los caníbales apresuran su carrera, chillando. Ella los espera en posición de combate, lista para atacar con sus dos espadas.

 

Los gritos aumentan en intensidad.

 

Comienza la matanza.

Vuelan brazos, cabezas, tripas, mitades de troncos, piernas y manos por todas partes. Caroline no escatima en movimientos, rebana cuanto bicho se le acerca.

Al cabo de un par de minutos desmembrando caníbales, todo su traje y su casco se encuentran bañados en sangre color rojo oscuro. Ella grita:

  • ¡Eso es todo, cabrones? (en realidad, afuera de su traje hermético no pueden escucharla).

Entonces, su casco AR refleja que ella se encuentra rodeada por más de un centenar de caníbales que caen desde los niveles superiores y no dejan de aparecer por todos lados. Caroline entiende que debe salir de allí.

Mientras corre hacia la salida del edificio (iluminada por destellos de luz natural), ella va cortando cualquier cuerpo que ve en su camino.

Al salir, llega a una explanada contigua al dique principal de la represa. Los caníbales retroceden y se quedan refugiados dentro del complejo, a salvo de la luz del atardecer.

  • Función: altavoz exterior. – ahora sus palabras sí se escuchan claramente fuera de su traje – ¿Eso es todo, nadie más? – grita una desafiante Caroline. El eco de sus palabras es la única respuesta.

Todo queda en silencio…

El casco de realidad aumentada de Caroline le indica que detrás de ella una amenaza se acerca.

Un caníbal de contextura atlética y cabello largo viene caminando al otro lado de la explanada. Es alto, de unos 2 metros, seguro antes de convertirse era una persona de ascendencia caucásica, ahora tiene la piel llena de puntos negros y la ropa mugrientas; lleva el rostro tenso, con los dientes apretados, sin poder cerrar la boca; en cada mano empuña dos machetes.

En el medio de la planicie hay una torre que sostiene un círculo de estructuras móviles al viento, el casco AR la identifica como “Delta Solar de Alejandro Otero”. Caroline está desconcertada, se supone que los caníbales no tienen conciencia, «¿cómo es posible que puedan manejar armas?»

  • ¡Hey! ¿puedes entenderme? – Caroline le hace la misma pregunta en varios idiomas. – ¡Responde, maldito infeliz!

El caníbal continúa acercándose sin cambiar la expresión de su rostro. Hasta que se detiene a unos diez metros de Caroline. Desde adentro del complejo y desde el otro lado de la planicie una multitud de caníbales observan la escena. El sol ocultándose entre las colinas del horizonte pone el telón de fondo.

  • Voy a hacer esto justo – dice Caroline, mientras sonríe con arrogancia y envaina una de sus katanas en la espalda; la otra espada la empuña con ambas manos y la apunta hacia su oponente.

El caníbal muestra una mueca parecida a una sonrisa.

El sol termina de ocultarse… ambos contendientes salen disparados en carrera.

Chocan las armas. El eco de los chasquidos retumba en todo el lugar.

El caníbal es bastante rápido, pero Caroline es una experta en el manejo de espadas.

  • Tienes buena técnica – afirma Caroline en medio del intercambio – pero dos machetes… nunca podrán con una espada japonesa.

El caníbal sorprende a Caroline con una patada en el pecho, ella cae bombeada a un par de metros sobre su mochila. Se ayuda con la espada a modo de bastón para levantarse rápidamente.

El caníbal mira sus machetes… están astillados y quebrados. De todas maneras, él vuelve a atacar sin retroceder… logra asentar un golpe a Caroline… en el casco, el machete se parte en pedacitos como una galleta.

En dos ráfagas imperceptibles Caroline corta los brazos de su oponente; al segundo siguiente lo atraviesa con su espada por el tronco, saltando sobre él y lo deja ensartado contra el suelo de concreto.

  • ¿Por quéeeeeee! – el estruendoso grito del caníbal se oye a un kilómetro a la redonda.

El rostro de Caroline muestra su asombro ante la vocalización de su enemigo.

Sin embargo, al cabo de unos segundos – ¡Porque mataron a mi maestro, malditos! – Caroline responde mientras levanta al caníbal ensartado por su espada hasta ponérselo a la altura de la cara.

El caníbal se retuerce de dolor y vomita sangre al hablar – Te dejaremos ir, ¡vete, déjanos en paz… vete!

Tras observarlo a los ojos durante unos instantes, Caroline en un movimiento (tan veloz que es casi imperceptible), retira la espada del pecho del caníbal y lo decapita. El cuerpo sin brazos y sin cabeza, cae.

Caroline sostiene la cabeza del caníbal con su mano izquierda, en la derecha tiene su espada.

Limpia la sangre de su katana con el cabello de su enemigo y la envaina.

Desafiante, Caroline da una vuelta sobre sí misma enseñando en alto la cabeza del caníbal a los testigos de la batalla. Después, la deja caer y los inexpresivos caníbales se refugian lentamente dentro de los muros de la represa.

Finalmente, la exterminadora adolescente vestida de negro y con casco de astronauta, se retira de la escena en dirección al patio de distribución.

“¿Me van a dejar ir solo porque él lo dijo? Esto no tiene sentido, se supone que estos engendros del infierno no tienen conciencia.”

Caroline desaparece entre la oscuridad del patio de distribución.

 

 

            “¿Es un sueño o un recuerdo?

            Se escucha el sonido de un helicóptero.

Ha sido un honor – la voz de Hans retumba en la mente de Caroline.

            Caroline abre los ojos.

9 de septiembre de 2025. 06:16 hrs.

Caroline pasó la noche dormida en la parte superior de una torre de alta tensión. Otea el horizonte en busca del helicóptero… nada. Su casco AR solo muestra durante un par de segundos una posible señal de actividad (en forma de círculo azul) detrás del muro de la represa, en el lago artificial.

De pronto, durante unos segundos, su casco le muestra un punto verde sobre el muro de la represa, pero la señal desaparece. Tal vez ella soñó con el helicóptero, tal vez su propio cerebro la está traicionando porque no desea sentirse sola, tal vez su casco está averiado por tantos golpes.

Tal vez… ¿Fue una alucinación?

 

            Si bien, por instantes se le ve ansiosa por bajar de la torre para encontrar el posible aparato emisor del sonido, el ambiente queda lleno únicamente del canto de las innumerables aves matutinas. La ausencia de actividad antropogénica ha hecho florecer la naturaleza.

Abundan los insectos voladores, las aves que se los comen, roedores escudriñando a lo lejos entre la vegetación… A pesar del accidente atómico, la malaria ha sido una bendición para los animales. Asimismo, poco a poco se ven los brotes de pequeños árboles que repoblarán el lugar dentro de una década.

Caroline se calma, observa el firmamento lleno de tonos anaranjados del amanecer durante algunos minutos. Luego, desciende de la torre, sin prisas.

            Se sienta al lado del Delta Solar, sobre una roca del tamaño de una maleta grande.

  • Función traje: excretar – entonces, con cara de asco, Caroline observa como un tubo del tamaño de una manguera de riego sale por al lado de su tobillo derecho y expulsa sus desechos fisiológicos como una secreción líquida espesa de color marrón.

Buenos días, Sargento Andrews. Le recuerdo que no ha comido en más de 36 horas. Le recomiendo hidratarse en abundancia y tomar su ración inicial de líquido multinutritivo para ingerir las calorías necesarias. – Caroline escucha con rostro evidentemente fastidiado al software de su traje inteligente.

  • ¡Cállate, maldita computadora!, no tengo apetito.

Sin embargo, mientras Caroline escala el dique y llega hasta la orilla del lago artificial, ella se hidrata e ingiere la cantidad de alimentos que le recomendó la voz de su indumentaria.

 

En la orilla del gigantesco cuerpo de agua ella observa todo el panorama con calma, a continuación, toca su casco dos veces y dice:

  • Función: bitácora – una pequeña luz azul se enciende a la altura de la clavícula izquierda de Caroline, en señal de que el traje está grabando sus palabras y el video de todo lo que ve.

Caroline comienza a recoger, con tranquilidad y precisión, mini muestras de agua, de vegetales e insectos cercanos al agua y de sedimentos a medida que camina hacia el sur, bordeando la orilla.

Así pasa las siguientes cinco horas; sin importarle que la temperatura ambiente supera los 40 °C y el sol abrasador no da tregua, pero su traje aislante la mantiene fresca todo el tiempo.

Hay algo que la inquieta: entre las muestras también ha conseguido cartuchos de armas largas y algunas balas.

“Aunque la actividad parece reciente, no hay cuerpos ni alguna otra evidencia que niegue o confirme si los caníbales son capaces de disparar armas… Si no fueron los caníbales, ¿quién?”. Caroline registra sus impresiones en su bitácora. “Estas evidencias carecen completamente de sentido”.

¡PLOSH!

            Un enorme triángulo rojo le indica a Caroline la amenaza que se le acerca desde atrás.

            Cuando gira la cabeza, ella ve las fauces gigantescas de un caimán abiertas dispuestas a engullirla.

            En menos de un segundo Caroline desenvaina sus dos espadas y corta las mandíbulas del reptil, cada pieza es de su tamaño. Inmediatamente después, le clava las dos catanas en la cabeza, entre los ojos.

            La superficie del agua se cubre de sangre. El casco AR de Caroline señala a más amenazas cercanas a ella… pero los caimanes se quedan mirando.

  • ¡Qué? ¿Están cagaos? – Les grita Caroline, con el rostro alebrestado por la adrenalina.

Caroline tiene el agua a nivel de los muslos; comienza a hablar para su bitácora “un caimán del Orinoco con claros indicios de crecimiento acelerado acaba de atacarme».

  • Función: determinar longitud.

9 m. longitud total. – y eso sin incluir las dos mandíbulas del animalito. Bueno – Caroline les habla de nuevo a los caimanes con arrogancia – ¿me van a dar diversión o se van a buscar su muerte natural?

Los reptiles, cuyos ojos rojos delatan la presencia del Plasmodium infernalis en su sangre, retroceden lentamente hasta desaparecer.

«Las bestias se han comido cualquier cuerpo, contaminado o no. Creo que será imposible determinar si las balas causaron muertos, nunca encontraré sus cadáveres».

Como si fuera un carnicero se tratase, Caroline comienza a retirar el gruesísimo cuero de la cola del caimán con su katana. La tarea le llevará un par de horas, como mínimo, pues la coraza del reptil es realmente dura. Con paciencia, va retirando una por una las enormes escamas, al mismo tiempo se queda absorta en sus pensamientos.

4 de octubre de 2022 (tres meses después de la aparición de la malaria radioactiva). Universidad de Florida, Gainesville, Estados Unidos.

Caroline estaba dentro de un pequeño auditorio junto con otros 26 estudiantes en una clase especial (en inglés) sobre la imbatibilidad del Anopheles tsinumoc. El ponente era el PhD en Zoología y especialista entomólogo, Kristopher Noel. Se trataba de un hombre estadounidense de unos 184 cm. de estatura, contextura gruesa y rostro que evidenciaba su ascendencia filipina.

A un lado de la pantalla, el doctor explicaba mientras aparecían las imágenes correspondientes a su argumento:

“El tsinumoc es un verdadero godzilla volador en miniatura. La radiación ultravioleta lo fortalece, los rayos X también, ni hablar de la radiación nuclear o los rayos Beta o Gamma, nada lo destruye. El único repelente comprobado, como ya ustedes sabrán, es el ultrasonido de baja frecuencia, pero en una intensidad tan sostenida que es totalmente dañino para el ser humano. Y no lo mata, solo lo ahuyenta.

  • ¿Y qué sabe sobre la medicina sintética desarrollada por los consorcios alemanes, podría funcionar? – pregunta un estudiante luego de levantar la mano para pedir la palabra.
  • Muchacho, siendo 100 % honesto contigo, tengo pocas esperanzas en la medicina sintética. Ningún gobierno quiere causar pánico, pero les aseguro que he visto larvas del Anopheles tsinumoc prosperar en la sangre de otros animales vivos, especialmente de mamíferos y aves, crecen fagocitando las células sanguíneas. Y eso, mis estimados estudiantes, incluye al ser humano”.

Los estudiantes se quedaron mirando las caras con gestos de incredulidad y horror.

  • ¡No es posible! – gritó uno.
  • Ya nos hubiésemos enterado – espetó otro.
  • Doctor, eso es una acusación muy seria, no puede andar diciendo esas cosas, creí en su reputación, pero…
  • ¡No sería la primera vez que las corporaciones y los gobiernos nos ocultan información delicada! – interrumpe otro estudiante – ¡Despierten montón de ignorantes!
  • ¡Cállate comunista!, ya vienes tú con tus doctrinas marxistas…

Así se fue armando un rebullicio que duró un par de minutos. El Dr. Noel se limitó a observar a los estudiantes hasta que Caroline captó su atención, sola, en el último puesto, cerca de la salida del auditorio, ella recogía su laptop y el resto de sus pertenencias en silencio.

Entonces, el doctor se acercó caminando hasta ella atravesando el debate caótico generado entre su audiencia y le preguntó amablemente:

  • ¿Se retira señorita…?
  • Andrews, Caroline Andrews doctor – indicó con una voz que denotaba su corta edad en relación al resto de la clase – Disculpe por no solicitar su permiso, pero no soporto esta bulla. Lo siento si lo ofendí, en realidad sí me interesa el tema.
  • ¿Andrews, no será la hija del profesor Johannes, la niña prodigio?
  • Sí. Y por favor, no soy ninguna niña prodigio.
  • Como no… ¿qué edad tienes, 15?
  • Bueno, sí, pero no soy prodigio, solo llegue rápido a la universidad porque mis padres me dieron una formación muy completa desde muy temprana edad. No soy ningún genio ni nada por el estilo, soy una persona normal y le agradezco, por favor, que no me llame niña.
  • Dame un par de segundos…

A esas alturas el debate entre los demás estudiantes estaba llegando casi a la confrontación física entre algunos de ellos.

  • ¡Silencio! ¡Ustedes son estudiantes universitarios o esto es un kínder? ¿No pueden discutir como personas civilizadas? Ahora vamos a escuchar la opinión de la señorita Caroline Andrews.

Caroline niega con la cabeza y trata de salir del auditorio, pero el profesor se pone en frente de la puerta mientras le pide con un gesto de calma con sus manos:

  • Estoy seguro que nos dirás algo relevante. No seas tímida, puede que sea tu primera semana en la universidad, pero aquí todos los profesores queremos a tu padre y sabemos quién es él. Tú no estarías aquí si no fuera por méritos propios. Entonces, por favor…
  • ¡Regresa al highschool! – gritó Margaret Keller, una estudiante rubia de familia millonaria, mejor conocida por el millón de seguidores de su cuenta @blondiecologist69 en Instagram.
  • Por favor, ¡respeto! – replica el doctor Noel.

Por unos segundos, el auditorio se quedó en silencio con la mirada puesta en una cabizbaja Caroline, quien permaneció de pie junto al profesor, al lado de la puerta. Hasta que ella dijo:

  • Bueno, con base en mi experiencia en…
  • Habla más duro – interrumpió un estudiante.
  • ¡Respeto! – gritó el profesor, respiró profundo y continuó – por favor señorita, hable un poco más fuerte.

Caroline, con expresión seria miró las caras de los demás estudiantes, luego, les habló con firmeza:

  • Hace dos años visité La Gran Sabana en Venezuela. No sé si ustedes lo sabían y realmente no me importa, lo cierto es que la destrucción del Arco Minero más el programa nuclear ruso crearon esta aberración. ¡Y todos somos cómplices! Sí, ¡todos! Porque mientras ustedes se hacían 40 selfis en un día, la minería ilegal desplazaba a 40 mil indígenas de sus tierras. Mientras ustedes se compran las joyas más finas, la extracción de oro causó la desaparición de decenas de especies acuáticas endémicas en el Río Orinoco por la contaminación por mercurio y por metales pesados.

Todos los presentes, exceptuando al Dr. Noel, observaban a Caroline asombrados, varias de las muchachas allí presentes la miraron de arriba abajo, con desprecio. Otros susurraban: “creo que es la primera vez que le escucho la voz”, “tendrá cara de niña, pero está buena”, “yo creo que está loca” … La expresión facial de Caroline mostró su disgusto, aunque contrastaba con su tono de voz agradable.

  • ¿Ustedes creyeron que re-twittear 40 veces al día #ILoveNature con la foto bonita del día o llorando con la etiqueta #PrayForAmazonas durante los incendios es activismo por el medio ambiente? Cuando, a decir verdad, se olvidaron al día siguiente con #Pray4NotreDame. Pero a nadie le importó verdaderamente si a los pemones los estaban masacrando, así como a ninguno de ustedes le importa si El Nuevo Estado Islámico causa un millón más de refugiados en Siria. ¿Total? Todos pensamos que nada de eso nos afectaría. Nosotros estamos frescos aquí.

Todos en el salón miraban a Caroline con cuotas similares de asombro y desgano. “¿Quién se cree esta mocosa, una copia latina de Greta Tumberg?” Pero Caroline, en lugar de amilanarse se mostró más determinada y culminó:

  • Vivimos indiferentes al resto del mundo.

Caroline miró con cara de súplica al profesor, quien la dejó salir mientras le dijo:

  • La espero en el laboratorio, señorita, mañana a las 4 pm. en punto. Quiero que forme parte de mi equipo especial de investigación.

Caroline asintió con la cabeza.

 

Cuando llegó a la casa de su familia en University Village South, Caroline saludó cariñosamente a su mamá, Antonieta, con un beso en la mejilla.

  • Hi, má.
  • Hola hija, descansa unos minutos, recuerda que debemos practicar francés dentro de un rato.

Caroline asintió sonriente y dejó en la sala a su madre, quien observaba en su Smart TV un video en vivo por YouTube del canal CNN international, el debate principal tenía a Ron Higler —PhD en microbiología de la Universidad de Dublin— argumentando enfáticamente (en inglés):

…Creen que la globalización sirve para conectar la plata de todos… ninguna potencia quiere renunciar a sus fuentes de poder y riqueza, empezando por China saqueando los recursos naturales y las especies en peligro de extinción de países con altos índices de corrupción en África y Sudamérica, hasta Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea haciendo puro teatro populista con respecto a su responsabilidad en la mitigación de impactos del cambio climático.

Por mucho tiempo, la especie humana quiso jugar a los dados con nuestro planeta; al final, estamos todos fritos, bien fritos. SARS, H1N1, ébola… hace rato que recibimos las advertencias. No lo duden, prepárense para lo peor, la malaria radioactiva nos llegará a todos, tarde o temprano…

17:11 hrs. Patio de distribución de la Represa Simón Bolívar, Venezuela.

De vuelta al presente, Caroline reposa sobre la misma torre en la cual pasó la noche anterior. Organiza sus muestras (incluyendo unos 4 kilos de carne de caimán sellados en bolsas herméticas; aún no ha resulto como comérsela sin quitarse el casco) en un compartimento de su bolso; al mismo tiempo, piensa en la estrategia a seguir para llegar hasta el Roraima.

Cuando termina de clasificarlo todo, el brillo de un objeto metálico lejano le llama la atención.

Al parecer, se encuentra sobre el puente bajo el cual ella y Hans ocultaron el mini submarino.

Caroline baja de la torre y tarda unos 10 minutos en llegar caminando hasta el puente. A medida que se acerca descubre que el brillo provino del reflejo de luz solar emitido por dos bicicletas montañeras que fueron dejadas allí.

Si bien, los vehículos están bastantes polvorientos y llenos de barro, se encuentran en buen estado. Algo que Caroline comprueba tras ir y venir durante unos minutos cual niña con juguete nuevo. Probablemente, la bicicleta que escogió solamente necesite una reparación de llantas.

Al caer el sol, Caroline hace ascender su mini-submarino con el comando en forma de holograma proyectado por su traje desde la muñeca izquierda. Le viene bien dormir allí dentro, segura, al menos una noche más antes de continuar su caminata, mejor dicho, pedaleada hacia el Roraima.

Por supuesto, su «nueva adquisición» va con ella. Además, alguno de los implementos de la caja de herramientas del mini submarino podría ser útil para reparar las ruedas.

 

¿Quién lo diría? Después de todo, sí tendré un regalo.

 

Mañana, Caroline cumple 18 años.

 

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Continuará…

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Síntesis biográfica de Emiliano Olivares

19 de abril de 1984

Estudios en Biología Marina en la Universidad de Oriente Núcleo Nueva Esparta. Productor audiovisual y documentalista. Miembro desde el año 2013 del circuito de artesanos (especialista en taparo) de la Fundación Empresas Polar. Actualmente trabaja como acuicultor y redactor de artículos científicos y literarios para internet.

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